POV de JOSESentir sus pequeños brazos rodeando mi cuello, percibir su calor y escuchar su respiración cerca de mi pecho disipó de golpe todos los fantasmas, las culpas y las sombras que habían cargado mi conciencia durante demasiado tiempo. No intenté retenerlo más de lo necesario ni abrumarlo con promesas grandilocuentes; simplemente cerré los ojos, aspiré el aroma a limpio de su cabello y dejé que el tiempo se detuviera en ese preciso instante.Cuando Mateo se separó un poco, con una sonrisa tímida pero genuina dibujada en los labios, me tendió una pequeña servilleta de papel que llevaba arrugada en el bolsillo del pantalón corto.—Toma, para que limpies tus lágrimas —dijo el niño con la naturalidad y la franqueza absoluta de su edad—. Los grandes no deberían llorar a menos que estén muy, muy felices, ¿verdad?Una carcajada suave, ahogada por la emoción, brotó de mi garganta mientras tomaba la servilleta y asentía.—Tienes toda la razón, campeón —respondí, secándome el rostro con c
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