Capítulo 139. La cima de la verdadera libertad
—En esta colina, ya no veo a un tirano —Avery hizo una pausa, girando el rostro para mirar al hombre a su lado—.—Sino al hombre que me salvó.El viento nocturno de las colinas de Singapur soplaba con cierta fuerza, barriendo la superficie del césped y trayendo consigo un frío que se filtraba lentamente en la piel.Debajo de ellos, las luces de la ciudad brillaban intensamente, densas, y aun así parecían tan lejanas. Ya no había el silbido ensordecedor de las balas. No había olor a pólvora impregnado en la ropa, solo un silencio extraño.Dominic volvió la mirada. Sus ojos, normalmente fríos y vigilantes, ahora se suavizaban con un calor inusual. No respondió de inmediato. Su mano firme se alzó para apartar con cuidado algunos mechones del cabello de Avery, desordenados por el viento, colocándolos detrás de su oreja. Su tacto era suave, casi demasiado delicado para alguien cuyas manos habían derramado tanta sangre.—Hablas demasiado esta noche, Avery —susurró Dominic. Su voz era grave,
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