Perspectiva de LilithLilith forcejeó con las esposas de plata en la oscuridad. Le temblaban tanto los dedos que dejó caer la llave dos veces antes de conseguir introducirla en la cerradura. Finalmente, las esposas se abrieron con un suave tintineo. Se frotó las muñecas en carne viva, haciendo una mueca de dolor, y se puso de pie justo cuando la puerta de la celda se abrió con un chirrido.Una mujer apareció frente a ella con el uniforme de guardia. Era joven, quizá de unos treinta años, con el cabello castaño y los ojos azules. Por alguna razón, le recordó a Ella. Demasiado, para su gusto. Lilith no quería ni pensar en la posibilidad de que su hija estuviera en un lugar como aquel.Retrocedió por instinto, pero la mujer le dedicó una pequeña sonrisa que consiguió tranquilizarla.—¿Estás lista? —susurró.Lilith asintió.—Bien. Tenemos que irnos. Ahora.Lilith no discutió. Salió de la celda y siguió a la mujer por el pasillo. Ella avanzaba deprisa, pero sin hacer ruido, y Lilith trató d
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