Perspectiva de AlexanderNo estaba seguro de por qué había sentido de repente la necesidad de abrirme con Stella, pero las palabras simplemente salieron antes de que pudiera detenerlas.Quizá era el vino, aflojándome la lengua más de lo debido. Quizá era el ambiente, demasiado parecido a una cita romántica como para no hacerme bajar la guardia.O quizá era porque Stella había dejado perfectamente claro que no quería ganar la prueba, que no quería convertirse en mi Luna y que, definitivamente, no estaba intentando impresionarme.Diosa, eso era precisamente lo que más la hacía parecerse a Ella.Por un instante, mientras la observaba envuelta en mi chaqueta, con el rostro iluminado por la tenue luz de las velas, tuve la extraña sensación de estar mirándola a ella.A la Ella que apenas había llegado a conocer durante esos últimos meses, después de cinco años manteniéndola alejada de mí, antes de perderla para siempre.La Ella terca y directa. La Ella que nunca se guardaba nada, que irrumpí
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