Perspective: Maria Martinez Lopez
El sol de la tarde del domingo era un rico oro líquido, proyectando largas y suaves sombras a través del patio de piedra y filtrándose a través de las antiguas hojas verde-plateadas de los olivos que bordean el borde del agua. Era un día sereno y asombrosamente quieto, el tipo de tarde en que el tiempo mismo parecía ralentizarse lo suficiente como para dejarte recuperar el aliento y aferrarte al momento para siempre.
Justo detrás del restaurante original del puerto, habíamos dispuesto nuestra mesa de comedor exterior más larga y ancha. Estaba elaborada de roble sólido y envejecido, cubierta con limpio lino blanco y cargada con una abundancia de comida, vasos de cristal y pesadas bandejas de cerámica llenas de fruta fresca, quesos artesanales y pan caliente y crujiente.
Alrededor de la mesa, toda la familia estaba reunida en un estado de pura e inalterada paz.
A unos metros de distancia, cerca del borde del muro de piedra, mi padre, Martínez, reía a ca
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