140. EPÍLOGO: UN FINAL FELIZ
ALAYA: Reynolds tomó al bebé y se asomó a la ventana. Soltó un fuerte aullido anunciando la llegada del heredero. Un aullido resonó desde afuera. Luego otro. Y otro. Toda la manada estaba aullando, celebrando el nacimiento de su futuro Alfa. Podía sentir su alegría a través de los lazos que nos conectaban a todos, cada corazón latiendo con emoción y esperanza renovada. —¿Cómo lo llamaremos? —pregunté mirando a Reynolds. Mi Alfa contempló a nuestro hijo con expresión seria, pensando cuidadosamente. El nombre de un Alfa era importante, definía su destino tanto como su sangre. —Aiden —dijo finalmente—. Significa "pequeño fuego" en el idioma antiguo. Porque lleva el fuego del poder ancestral en sus venas, pero también la luz esmeralda del Elyndor. Es fuego y magia combinados. —Aiden —repetí probando el nombre—. Es perfecto. —Me gusta —dijo papá tomando el bebé de los brazos de mi Alfa. —Le enseñaré bien a ser un lobo poderoso. Lo miré sin decir nada. Cristín tenía razón, papá no
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