Andrea no volvió a mirar a la pareja cariñosa ni una sola vez. Se dio la vuelta y caminó directamente hacia Helen.Desde la perspectiva de Sandra y Steven, su silenciosa partida tenía significado. Para ellos, parecía una retirada—como alguien escondiendo su dolor.Pero los pasos de Andrea eran firmes.Sin prisa.Helen estaba apoyada en la barandilla, observando a los peces moverse perezosamente en el estanque de abajo. Su postura era relajada, pero ligeramente alerta, como si fuera consciente de todo a su alrededor sin necesidad de mirar.Parecía un poco fuera de lugar.O tal vez—Simplemente no le interesaba.—Adivina quién soy.Dos manos frías cubrieron de repente sus ojos, mientras una voz baja y familiar sonaba detrás de ella.Helen no se sobresaltó.En cambio, sonrió.Incluso sin girarse, ya había reconocido ese aroma familiar—limpio, ligeramente dulce, inconfundible.Sin dudar, estiró la mano hacia atrás y sujetó a la persona por la cintura.—Andrea —dijo, divertida—. ¿Quién más
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