Las semanas pasan más rápido de lo que quisiera. Tanto tiempo esperamos adormecidos, silenciando lo que el corazón gritaba, intentando olvidar lo inolvidable, y ahora el tiempo corre deprisa. Besos a escondidas, encuentros erráticos, cuidando las apariencias aunque ya no sea necesario. Los días se precipitan como si tuvieran urgencia en llegar a algún lugar. Algunas noches dormimos juntos, abrazados hasta que el sol se cuela por la ventana. Son los días más felices: esos donde sólo somos dos. También están los otros, los que una mirada basta para encender una discusión, los que una palabra nos lleva al límite. Son sólo seis meses, pero no los cambiaría por nada. Amo a Ray, y amo al hombre que soy cuando estoy con ella. —Eras la diablita más linda del baile… ¿sabías? —susurro, como quien confiesa un secreto. —¿De qué hablas? —pregunta, sin recordar. —La noche de carnaval… —¡Ay, sí! Recuerdo que me disfracé una vez —ríe, evocando—. ¿Pero cómo sabes? No te vi esa noche.
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