Perspectiva de AnnabelEstaba emocionada de recibir ese mensaje del señor Davis. Significaba que debía haber considerado darme lo que había pedido.Pensándolo bien, me pregunté por qué mi secretaria no me había informado de sus mensajes. Revisé el teléfono y llamé a Claire.—Buenos días, señora —llegó su voz.—Buenos días, Claire. ¿Ningún mensaje del señor Davis?—N-no, señora. Ninguno.—¿Cuándo empezaste a mentirme? —pregunté, decepcionada—. Recibí mensajes de él a mi número privado esta mañana y se quejó de que sus mensajes habían quedado sin respuesta.—¿Por qué no me informaste?—Por favor, señora... perdóneme —suplicó con voz temblorosa—. Yo... de verdad quería informarle, pero... el jefe me advirtió que no lo hiciera. No tuve alternativa.—¿El jefe? —repetí—. ¿Te refieres a mi esposo?—Sí, señora... ¡por favor, perdóneme!—Está bien, Claire, pero la próxima vez que hagas esto te despediré de inmediato —advertí y terminé la llamada.Entré al baño y me di una ducha rápida. Elegí u
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