Papá Gemelo Elara abrió la boca. La cerró. Seis años de explicaciones cuidadosamente construidas, respuestas ensayadas, las palabras correctas organizadas en el orden preciso para este momento… y allí, de pie en una habitación de hospital, con ambos mirándola, no tenía nada. Victor no esperó por ella. Se acercó a la cama de Daniel y se sentó en el borde, y su voz, cuando habló, fue suave y completamente presente, como siempre lo era con su hijo. —Hola, campeón. ¿Estás bien? —Estoy mejor ahora que estás aquí. —Daniel lo miró con esos ojos claros y serios. Luego, simplemente—: Papá. Victor se quedó muy quieto. —¿Por qué me llamas así? Daniel parpadeó, como si la pregunta fuera un poco ridícula. —Porque mamá dijo que eres mi papá. —Hizo una pausa—. Me alegra mucho que no estés muerto. Al menos ahora tendré a alguien que mostrarles a mis amigos. —Lo dijo con el alivio directo de alguien que ha estado esperando mucho tiempo a que un problema se resuelva y se alegra de
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