—No lo sé, campeón —dijo Luca, con voz suave pero firme—. Solo vine a verte y a llevarte a ti, a tu mami y a la tía María a un pequeño viaje por carretera, pero no puedo quedarme. Tengo trabajo.Leon de inmediato hizo un puchero, y sus pequeños labios temblaron.—¿Pero por qué?—Cuando crezcas, cuando seas un niño grande como yo, un hombre, lo entenderás. Vas a cuidar de tu mamá, y para cuidar de ella, vas a tener que trabajar. Vas a tener que trabajar duro. ¿De acuerdo, mi pequeño amigo?Pero Leon no tomó eso nada bien.Simplemente se quebró. Se puso a llorar directamente.—Vamos, eres un hombre —le dijo Luca, como si eso fuera a ayudar, pero aquello solo pareció enfurecer más a Leon.Leon empezó a gritar directamente en los brazos de Luca, sacudiéndose tanto que Luca tuvo que soltarlo. Cayó de pie, y por un momento pensé que iba a salir corriendo.Pero no. De repente se arrojó al suelo, pateando, golpeando con sus puños y retorciéndose en el berrinche más dramático qu
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