—Espera, Julian. ¡No me eches, por favor! —suplicó ella, con la voz desgarrada.Empujó la puerta y se coló dentro del apartamento sin invitación.—Déjame quedarme aquí unos días. Solo un par de días, te lo ruego —pidió Amber, lloriqueando—. Antes de arreglar mi situación e irme del país para siempre
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