El departamento amaneció en silencio. Pero no era un silencio cualquiera. Era uno definitivo. Uno que no pedía conversación. No pedía explicación. Solo… aceptación. Alejandra fue la primera en levantarse. No porque hubiera dormido bien. Sino porque ya no tenía sentido quedarse en la cama. Había tomado una decisión. Y esta vez… no iba a aplazarla. Se movió con calma. Sin prisa. Sin hacer ruido. Como si no quisiera romper algo que ya estaba roto. Abrió el armario. Y por primera vez… no miró lo que quedaba. Miró lo que se iba. Sacó una maleta. La puso sobre la cama. La abrió. Y empezó. No fue dramático. No dudó. No se detuvo en cada prenda. Pero tampoco fue fácil. Porque cada cosa… tenía un recuerdo. Un momento. Algo que no iba a repetirse. Dobló una blusa. Recordó una noche. Guardó un vestido. Recordó una conversación. Tomó una chaqueta. Recordó el calor de sus manos. Se detuvo. Solo un segundo. Respiró profundo. Y siguió. Porque quedarse en esos
Ler mais