POV AlessandroEste ha sido, por lejos, el mejor desayuno que he tenido en mucho tiempo. En mis treinta y siete años, no recuerdo haberme reído tanto. Creo que la presencia de Luca, que no ha parado de bromear; de Gina, la empleada de ellos que comparte la mesa como una integrante más de la familia, y hasta de Pelusa, que no me ha dejado un segundo en paz trepándose por mis pantalones, ha ayudado a que tanto mi cicciottella como yo nos relajemos y disfrutemos de este momento.—Todo esto está muy delicioso, Alessandro —me dice el niño, devorándose hasta la última miga del plato—. Creo que he comido demasiado. Me he olvidado de que, dentro de un par de horas, tengo que jugar.Menos mal que lo recordó, porque prácticamente no se ha comido el plato solo porque no ha podido. Debe haber heredado ese buen apetito de su madre, seguramente.La miro a ella, que no deja de sonreír. Dios, veo sus hermosos ojos pardos, esos que me matan cada vez que me miran, que están hinchados y enrojecidos, y d
Leer más