El sonido de los cubiertos chocando sobre la mesa de madera era lo único que rompía el silencio momentáneo entre ellos. Ivanna y Hugo ponían la mesa juntos, sus movimientos torpes, como si ambos estuvieran demasiado conscientes de la cercanía. Las manos de Ivanna temblaban levemente, y cada vez que sus dedos rozaban los de Hugo al colocar un plato, un rastro de calor se deslizaba por su columna. Hugo, por su parte, no apartaba la mirada; sus ojos la recorrían como si intentara desentrañar cada uno de sus secretos. Aquella intensidad la ponía nerviosa, y lo sabía, pero no podía ceder. Ivanna respiró hondo, controlando el ritmo acelerado de su pecho.Cuando todos se sentaron a cenar, Hugo rompió el silencio de forma casual, aunque el brillo en su mirada delataba un propósito más profundo.—Entonces, Ivanna —comenzó, mientras servía un poco de vino—, ¿cómo va tu trabajo de pasante? ¿Estás disfrutándolo o simplemente sobreviviendo al caos?Ella alzó la vista, tratando de ocultar su sorpre
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