La ceremonia fue breve, pero cada palabra pesaba como el oro. Cuando llegó el momento de los votos, no necesité un papel. —Bella —dije, sosteniendo sus manos pequeñas entre las mías—, pasé años apagando fuegos para no sentir el frío de mi propia soledad. Pensé que mi corazón era un edificio en ruinas hasta que llegaste tú. No me importa de dónde vienes, porque sé exactamente a dónde vamos. Te prometo que mi casa siempre será tu refugio, que mi hombro será tu descanso y que nunca, mientras yo respire, volverás a estar sola. Hoy te entrego mi apellido, mi honor y mi vida entera. Isabella estaba temblando, pero sus ojos ámbar brillaban con una determinación que me dejó sin aliento. —Gabriel —respondió ella, con la voz clara a pesar de la emoción—, llegué a Thalassa buscando un lugar donde desaparecer, y terminé encontrando el único lugar donde realmente existo. Me diste un nombre cuando el mío me quemaba. Me diste una familia cuando pensé que la mía me había abandonado. No tengo riqu
Leer más