—¡Esto es una estación de bomberos, no una guardería de "Pocoyó"! —rugí, pero Dominic soltó una carcajada que desarmó a todo el equipo. Isabella se acercó a mí, rodeándome el cuello con los brazos mientras yo trataba de mantener mi cara de "Capitán rudo". —Gabriel... solo unas horas. Míralo. Necesita sentir que este lugar es seguro. No puedes ser tan frío. —No es frialdad, Isabella, es... es logística —mentí, aunque ver a ese pequeño me estaba revolviendo algo por dentro—. Si se entera el Jefe de Distrito, me quita los galones. —Pues que te los quite —respondió ella, dándome un beso corto—. Porque de aquí no se mueve hasta que yo termine de prepararle una papilla improvisada con lo que encontré en la alacena. —¿Papilla? ¿Qué le vas a dar? —pregunté alarmado.
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