POV: Elías AnchorenaLugar: Suite Ejecutiva, The Plaza Hotel, Nueva York Día 1 del viaje - TardeNueva York olía a asfalto húmedo, a dinero viejo y a una prisa incesante que solía energizarme. Antes, aterrizar en esta ciudad significaba adrenalina, reuniones de alto nivel y la satisfacción del cierre de un trato. Hoy, solo significaba distancia, exactamente cuatro mil kilómetros de distancia de la mejor fragancia y vista que podía tener: Mariana y mi hijo.Me ajusté el nudo de la corbata frente al espejo de cuerpo entero de la suite, el traje Armani me quedaba como un guante, una segunda piel de autoridad que me había puesto tantas veces que ya no sentía el peso. Pero debajo de la seda y la lana fría, me sentía sucio, no importaba cuántas duchas me diera —y me había dado dos desde que llegamos al hotel—, no podía quitarme la sensación de ser un cobarde.La imagen de Mariana se reproducía en mi cabeza en un bucle tortuoso. La toalla cayendo, la curva suave de su cintura, el terror en s
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