Al salir de la imponente torre de Obsidian Global, el aire fresco de la tarde golpeó el rostro de Victoria, dándole un breve respiro tras la intensa confrontación con Daniel. Bajaba las escaleras junto a Estefany, discutiendo en voz baja las opciones para la constructora, cuando un elegante deportivo plateado frenó frente a ellas, cortándoles el paso con precisión quirúrgica. La ventanilla bajó para revelar la sonrisa impecable de Mateo Villalba. No venía solo; en el asiento del copiloto, un hombre de mirada curiosa las observaba con interés. —¿A dónde van con tanta prisa las mujeres más brillantes de la ciudad? —preguntó Mateo, bajando del auto con esa elegancia natural que parecía no requerir esfuerzo—. Vamos a celebrar que el día terminó. Las invito a tomar algo. —No puedo, Mateo —respondió Victoria de inmediato, apretando su bolso contra el costado—. Tengo que encontrar una nueva propuesta para Meléndez antes de que termine el día. Estoy contra reloj. Estefany, que ya esta
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