Mientras Vincent escupía aquellas amenazas, volvió a sujetar con fuerza el brazo de Adeline. Ella no esperaba que él fuera tan temerario frente a testigos. Al sentir la presión de sus dedos, tiró de su brazo con violencia para zafarse.Vincent perdió el equilibrio por un segundo, pero Adeline sintió un dolor agudo que le recorrió el costado. Su piel era delicada, y la fuerza bruta de Vincent había dejado arañazos sangrientos y marcas rojas que empezaban a hincharse en su antebrazo.—¡Oh, Dios mío, Adeline! ¡Estás sangrando! —exclamó Fiona, horrorizada—. ¡Maldita sea, Vincent! Realmente te atreviste a ponerle la mano encima.Furiosa, Fiona se abalanzó hacia adelante con la intención de propinarle una patada a Vincent, pero él, más ágil, esquivó el golpe con una risa burlona, dejando que la abogada pateara el aire. Adeline, sabiendo que la fuerza física no era el terreno donde ganarían esta batalla, intervino rápidamente.—¡Fiona, detente! No te rebajes a su nivel. Llamaremos a la polic
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