Las cajas se apilaban contra la pared del apartamento de Karla como monumentos a vida que estaba a punto de desmantelar. Cajas de cartón color marrón institucional que había conseguido de supermercado local, cada una etiquetada con marcador negro en su letra cuidadosa: "Libros", "Ropa Invierno", "Cocina", "Oficina".Karla se quedó parada en el centro de su sala de estar —el espacio que había sido solo suyo durante años, el primer lugar que había rentado con dinero ganado honestamente después de Suiza, donde nadie le había dicho cómo decorar o qué colores usar o cómo vivir— y sintió peso de despedida presionando contra su pecho con intensidad que no había anticipado.Este apartamento había sido su refugio. Su prueba de que
Ler mais