Las dos semanas se habían deslizado con la velocidad particular del tiempo cuando estabas simultáneamente temiendo algo y anticipándolo. Karla había marcado la fecha en su calendario —sábado a las dos de la tarde, misma cafetería en la calle Market— y luego había pasado los días previos oscilando entre querer cancelar y querer que llegara más rápido solo para terminar con la anticipación.Esta vez, cuando se vistió esa mañana, el ritual se sentía ligeramente menos como preparación para batalla. Los jeans y el suéter que eligió eran más por comodidad que por armadura, aunque admitió en la privacid
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