No respondió. No me miró. Simplemente continuó limpiando mi asqueroso cuerpo con paciencia, una y otra vez, haciendo tantos viajes al baño como fueran necesarios. Cuando terminé desnudo sobre el colchón, recogió todas las sábanas y las tiró directamente a la basura. Luego tomó una cama portátil, la desplegó a un lado de la mía y se arrodilló junto a mí. Empezó a bañarme lentamente, evitando el contacto visual, ignorando mis gritos, mi vergüenza y mi desesperación. Cuando terminó, me puso un pañal, desoyendo todas mis protestas. Supuse que Néstor los había tirado cuando se lo pedí, pero al parecer no lo había hecho. Después me ayudó a pasar a la cama improvisada y me cubrió con sábanas limpias. Estaba exhausta; podía oírlo en su respiración agitada. Guardó la cama vieja, regresó y se metió conmigo en la cama portátil, abrazándome sin decir una palabra. —Hablas demasiado —murmuró en mi oído, en voz baja, mientras yo yacía, humillado, envuelto en un pañal de adulto. ----- Pov de
Leer más