—No estoy seguro, pero parece que se fueron no solo con prisa, sino con miedo —explicó, observando cómo todo quedó intacto, casi como si hubieran salido corriendo.—Bueno, se lo merecen —comenté, cruzando los brazos sobre el pecho. Pero la duda persistía en mí. No tenía sentido.—Bueno, vámonos —añadió Baxter, y me aclaré la garganta.—Este lugar está vacío ahora —respondí.Baxter se giró para mirarme. —Celine, ¿en serio no sugieres que nos quedemos aquí? Esa pareja y sus hijos se fueron con prisa. ¿No debería ser eso una señal de peligro para ti? —preguntó.Y finalmente, asentí con la cabeza. No se equivocaba.Al salir, vimos a nuestras hijas encontrar uno de los coches de juguete de los niños, y estaban jugando con él, riendo, sin tener ni idea de lo que podría haber pasado dentro.—Vamos, niñas, vámonos —les dijo Baxter, quienes se giraron para mirarlo y luego a mí.—Mamá, ¿están los niños malos dentro de la cabaña? —preguntó Belén, probablemente porque le preocupaba la hubieran vi
Leer más