NarradorPara las hermanas Thompson, la situación se estaba volviendo aún más complicada. Evangeline, fiel a su espíritu rebelde, salió de la oficina con nada más que un simple cheque de liquidación en la mano y decidió no regresar al apartamento que compartía con su hermana. Tan pronto como llegó, recogió sus pocas pertenencias, hizo una llamada telefónica y tomó un taxi hacia un lugar que la esperaba con los brazos abiertos.Al llegar a una reluciente mansión, Evangeline respiró hondo antes de tocar el timbre. Cuando la puerta se abrió, sonrió con satisfacción, imaginando un futuro mucho mejor que el de una simple asistente en la empresa de Jordano.—¡Hola, Evangeline! ¿Cómo estás? —la saludó su anfitriona. Evangeline, cautivada por el lujo que la rodeaba, entró con una amplia sonrisa, mordiéndose el labio mientras asimilaba la grandeza del lugar.—Hola, estoy genial, ¿y tú?—Emocionada de tenerte aquí. Ven, siéntate. Le pedí al personal que preparara algo para que comas. Supongo qu
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