Capítulo 93 La calma antes del caos El regreso de Buenos Aires había sido un cambio enorme entre ellos. No fue una transformación brusca ni una decisión anunciada en voz alta, simplemente algo empezó a acomodarse entre los dos de una manera natural. De pronto, la casa empezó a sentirse habitada de otra manera. Era el ruido cotidiano de una vida que se acomodaba sola, el sonido de la cafetera por la mañana, las puertas del vestidor abriéndose casi al mismo tiempo, las llaves que uno dejaba sobre la mesa y que el otro encontraba después. Pequeños gestos, pequeñas rutinas que, sin darse cuenta, iban construyendo una vida compartida. Ofelia sabía que era la vida que quería. Cuando firmó aquel contrato nunca creyó llegar a ser tan feliz: le gustaba despertarse y saber que Lissandro estaba allí junto a ella. Lo adoraba y Lissandro cada día le demostraba que ella era lo más importante para él. A veces la miraba como si todavía no pudiera creer que ella estuviera allí, compartiendo la casa,
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