La mañana llegó envuelta en una suave luz dorada.Las enormes ventanas de la residencia permitían que los primeros rayos del sol iluminaran cada rincón de la habitación.Todo parecía tranquilo.En paz.Como si el mundo entero hubiera decidido detenerse para contemplar aquel momento.Jeremy Ambrosetti abrió lentamente los ojos.Por unos segundos permaneció inmóvil.Observando.Memorizando.Agradeciendo.Porque frente a él se encontraba la escena más hermosa que había visto en toda su vida.Diana dormía tranquilamente.Su cabello oscuro descansaba sobre la almohada.Su respiración era suave y constante.Y entre ambos, envuelta en una pequeña manta color marfil, descansaba una diminuta bebé.Sophie Ambrosetti.Su hija.Su pequeña princesa.Su milagro.Jeremy sonrió.Una sonrisa genuina.De esas que aparecían muy pocas veces en el rostro del antiguo Jeremy Ambrosetti.Pero que ahora se habían vuelto frecuentes.Porque la felicidad tenía nombre.Y estaba allí.Durmiendo entre sus brazos.L
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