El restaurante italiano olía a ajo y a arrepentimiento en cuanto entramos.Victor ya estaba sentado en la mesa de la esquina, mirando su copa de vino como si contuviera respuestas. Cuando nos vio, sus hombros se tensaron.Nos sentamos. Sin abrazos. Sin sonrisas.Victor habló primero, con la voz baja y cansada.Así que. Aquí estamos.Ethan se inclinó hacia delante, con los codos sobre la mesa. Papá, yo...No. Victor lo interrumpió, cortante. No te toca hablar primero. Hoy no.Deslicé la mano por debajo de la mesa y apreté la rodilla de Ethan. Se quedó en silencio.Victor me miró. Tenía los ojos enrojecidos. ¿De verdad lo amas?Sí, dije, con la voz firme aunque me temblaban las manos. Sí lo amo.Victor asintió despacio, como si las palabras le dolieran físicamente. ¿Y estás segura? ¿No es solo… la soledad hablando?Empezó siendo soledad, admití. Pero se convirtió en otra cosa. Algo real.Ethan ya no pudo seguir callado. Papá, intenté luchar contra esto. Te juro que lo hice. Pero cada ve
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