Desde la distancia, Mark divisó la casa familiar.Nunca se había imaginado que, en una zona de villas tan lujosa, aún existiera una casa igual a la que tenían en su pequeño pueblo.—Abuelo, hemos llegado.El coche se detuvo frente a una de las villas, y apenas se detuvo, alguien salió de la casa.Era el mayordomo, ayudando a Bernard, que se apoyaba en un bastón. Por alguna razón, cuando Damon vio a Bernard esta vez, ya no sintió la misma presencia arrogante y abrumadora del otro día.En cambio, había un matiz de ansiedad, como si Bernard temiera algo pero, al mismo tiempo, anhelara ver a su hermano mayor.Al escuchar el ruido, Mark, que acababa de bajar del coche, dirigió su mirada hacia la entrada de la villa.El cabello de ambos hermanos estaba ya canoso, sus ojos profundos se encontraron, y en sus miradas se percibía una sensación de liberación.A su edad, aferrarse a rencores parecía inútil.—Mark, entra —dijo Bernard, con los ojos llenos de lágrimas y la voz temblorosa por la emo
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