Narrador omnisciente: Laura Morales llegó al lugar pactado poco después de abandonar la casa de su hijastra. Aún llevaba en el rostro una expresión calculadora, fría, mientras sus dedos se aferraban al teléfono móvil como si sostuvieran un arma cargada. No había dejado de mirar la fotografía que había tomado: Bianca, abrazada por un hombre en una cercanía que, dependiendo del ángulo y la intención, podía convertirse en dinamita. Laura no sonreía, pero en el fondo de sus ojos brillaba la satisfacción de quien sabe que posee algo valioso.La mansión se alzaba imponente, silenciosa y cargada de una historia que olía a poder y traición. Había pertenecido al patriarca de los Ivanov, y todavía conservaba esa atmósfera densa, como si las paredes guardaran secretos que nunca saldrían a la luz. Laura cruzó el vestíbulo con paso firme hasta encontrarse con Marissa. La rubia estaba de pie junto a uno de los ventanales, estilizada, impecable, con esa mirada filosa que parecía diseccionar a cualq
Ler mais