Capítulo 196. Después de la tormenta
"Augusto"Cuando el abogado me dijo que tenía que ir una vez más a la comisaría, sentí solo cansancio. Cada vez que el teléfono sonaba, ya imaginaba que ese sería el comunicado.Era un desgaste que no se resolvía con descanso. Ya lo había contado todo. Ya había respondido a las mismas preguntas de maneras diferentes, relatado la misma historia, repetido fechas, horarios, decisiones. Aun así, allí estaba yo de nuevo, siendo citado, la prueba de que, para ellos, yo seguía siendo el sospechoso final.Isabella quiso ir conmigo, pero no la dejé. No era un ambiente para ella y, en el fondo, además de la protección, sentía vergüenza. No quería que viera, una vez más, cuánto me degradaba aquello, cuánto destruía mi reputación.En el camino a la comisaría, el abogado hablaba sobre estrategia, posibilidades y sobre cómo la rueda de prensa de esa tarde podría terminar con todo. Yo escuchaba, pero no absorbía nada. Ya había aprendido que las palabras bonitas no significaban nada. Existía, sí, la
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