RAFETodo quedó en silencio tras las palabras de Kael, dejándonos solos de nuevo. Luca estaba de pie junto a la cama, de espaldas a mí, con los hombros encorvados y frágiles; parecía más pequeño de lo que lo había visto nunca.Me acerqué a él, sin saber qué decir, así que simplemente puse mis manos sobre sus hombros y lo abracé."Tengo miedo", murmuró contra mi piel, con su aliento cálido y tembloroso."Lo sé". Lo abracé con más fuerza."Estoy aquí, te tengo, cariño".Nos quedamos allí un buen rato, abrazados en la oscuridad; las velas se habían apagado. La única luz era un tenue resplandor grisáceo que se filtraba por una rendija bajo la puerta.Lentamente, el abrazo cambió. Ya no era solo consuelo, era una necesidad. Una necesidad desesperada de sentir que éramos reales, que estábamos aquí, juntos.Luca echó la cabeza hacia atrás. En la penumbra, vi el rastro de una lágrima rodando por su mejilla. Lo limpié con el pulgar.Me besó.No fue como la última vez, la última vez fue fuego y
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