Dante temblaba bajo mi mirada, con la cabeza inclinada hacia abajo.Al verlo así, cualquiera imaginaría que era un hombre inocente, sin rastro de malicia.Pero yo sabía la verdad. La belleza era el mejor engaño para atrapar a una persona.Mi ira no disminuía, solo crecía. La imagen de Marcus, mi hijo, en medio de la violencia que esperaba del lado de Angelo me hizo curvar los labios en una mueca de desagrado.—Explica tus acciones —ordené con voz imperiosa. Me acerqué a él, cada paso provocaba un leve estremecimiento en su cuerpo, casi imperceptible a simple vista. En mi mano sostenía un objeto que nunca antes había usado con él.Agarrándolo por el cabello, forcé su mirada hacia arriba para que encontrara la mía.—Y… Marcus estaba molesto —comenzó Dante, con la voz tartamudeante, baja y quebrada.Una rendición fingida, pensé.Recordé cómo prácticamente me había suplicado que llevara a mi hijo al picnic prometido
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