Cuando descubres que eres trilliza y no gemela, y que la tercera hermana comanda ejército de conquistadores, empiezas a cuestionar cada decisión de vida que tomó tu padre.La mujer que apareció en el salón del trono no era como Ravenna. Donde mi hermana muerta había sido elegancia corrupta y oscuridad seductora, esta criatura era acero puro envuelto en carne humana. Cabello negro cortado militarmente corto, cicatrices cruzando su rostro como medallas de guerra, y ojos —Dios, esos ojos— del mismo verde esmeralda que los míos pero sin ninguna de la humanidad que yo me esforzaba por mantener.—Adriana Valdés —dijo su voz con precisión quirúrgica—. O debería decir, Adriana Drakov. La hermana afortunada.Me levanté de mi silla junto a los gemelos sellados, cada músculo tenso. El Rey estaba a mi derecha, sus ojos carmesí brillando con adverte
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