IsabellaEl silencio que se instala después de mis palabras no es un vacío tranquilo, es más bien una especie de tensión suspendida que parece haberse quedado pegada a la piel de los tres, como si lo que acabo de decir hubiera cambiado algo que ninguno de ellos está dispuesto a nombrar todavía, pero que todos reconocemos de alguna forma distinta. Siento la mirada de mi prometido sobre mí con una intensidad que no es nueva, pero sí más pesada ahora, como si por primera vez estuviera intentando no solo entenderme a mí, sino entender lo que está ocurriendo entre Evans y yo sin que yo le dé ninguna pista clara para hacerlo.Evans, en cambio, no reacciona de inmediato y eso es lo que más me inquieta, porque su forma de quedarse quieto nunca es simple ausencia de respuesta, siempre es control, siempre es cálculo, como si incluso en medio de todo esto él siguiera midiendo cada palabra posible antes de permitir que exista. Y aun así, cuando por fin habla, su voz no tiene ese borde defensivo q
Leer más