Stavros sonreía, no había nada más lindo que ver a sus hijas abrazadas. Despertar y ver eso era maravilloso. Luego de examinar a Stavros, Patrick permitió que solo una de ellas entrara. Penélope fue la primera en ver a su padre. —Hola, papá. No te das una idea de lo preocupadas que estábamos. —Estoy bien, cariño. ¿Cómo está mi niña hermosa? —Estoy bien, papá, pero estaré mejor cuando salgas de aquí. —Mi niña… prometo que lo solucionaremos todo. No estás sola, cariño. Tienes una familia que siempre estará contigo. Perdona a este viejo tonto; de verdad creí que al mandarte al extranjero te protegía, pero hoy veo que me equivoqué. Solamente te arrojé al peligro. Los padres también cometemos errores —dijo Stavros. Las lágrimas caían por su rostro; había escuchado todo, aunque no pudo hacer nada para proteger a su hija, a su nuera. —No tengo nada que perdonarte, papá. Fue mi decisión, elegí mal, confié en él. Al contrario, hoy veo que la que juzgó mal a la familia fui yo. Debí confia
Leer más