ARIA El complejo montañoso no era sólo un escondite; era una fortaleza excavada directamente en la roca helada y dentada. Desde lo alto de la cresta, mirando a través de la densa niebla, parecía una enorme bestia de hormigón y acero. Sus paredes exteriores estaban erizadas de cámaras de seguridad de alta tecnología, disparadores láser y sensores de movimiento que parpadeaban como ojos rojos furiosos en la noche oscura. Abajo, los guardias patrullaban el perímetro de dos en dos. Sus pesadas linternas cortaban la oscuridad como cuchillos afilados y barrían los caminos de grava. El aire de la montaña era brutalmente frío y enrarecido, haciendo que cada respiración ardiese como fuego contra mis pulmones. Valente estaba agachado justo a mi lado, su gran cuerpo presionado contra la tierra helada, sus ojos oscuros fijos completamente en el complejo de abajo. El viento aullaba entre los pinos, azotando mechones de pelo sobre mi cara, pero Valente estaba completamente quieto, como una esta
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