Theodore tenía fama de ser "la Muerte en vida".Hasta los alborotadores más bravos de nuestro círculo se encogían cuando él entraba a una habitación.No era solo miedo. Era la forma en que Theodore podía aniquilarte con una mirada, la autoridad absoluta que emanaba de su presencia.Normalmente, yo me desviaba para no cruzarme con él.Pero ahora, el hombre que aterraba a todos se aferraba a las sábanas, con las piernas encogidas por el dolor. El calor brotaba de su cuerpo; su respiración, cada vez más agitada, llenaba el silencio.El contraste era brutal. Y ese hombre aterrador pero fascinante, postrado en la cama, me tenía completamente hipnotizada.Pero algo me inquietaba:—¿Dijeron que se lastimó por mí dos veces?Liam abrió la boca para explicar, pero Theodore lo interrumpió con un tono cortante: —¡Cállate! Si dices una palabra más, ya verás.Luego, suavizó la voz y dijo con indiferencia: —Vete, Bella. No te necesito aquí.Liam dio un paso al frente, sin miedo: —Señor Theodore, deje
Leer más