La madre que te ama no siempre quiere que crezcas. A veces quiere que te quedes pequeño, cerca, suyo.El cuerpo de Vael flotaba en el vacío como una pregunta sin respuesta. Mira lo observaba desde la ventana de la Vigilia mientras el traje espacial se ajustaba automáticamente a su forma. El casco se selló con un clic que sonó demasiado final.—No tienes que hacer esto —dijo Kael detrás de ella. Su voz era tensa, controlada. La voz de alguien que sabía que sus palabras no cambiarían nada pero necesitaba decirlas de todos modos.Mira no se volvió. Seguía mirando a Vael. La marca de semilla en su pecho pulsaba débilmente, fragmentándose como cristal bajo presión extrema. Cada pulso era más débil que el anterior.—Sí tengo que hacerlo —respondió Mira. Su voz sonó distorsionada a través del casco. Má
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