—Yo soy Daniel, Daniel Lancaster, y es un placer conocerte Dante —Emma tomaba a su pequeño hijo entre sus brazos, mientras miraba a Daniel frente a ellos. Había sido descuidada, se suponía que nadie debía de saber de Dante, pero era difícil mantener a un niño de casi cinco años dentro de un departamento.Daniel miraba el notable nerviosismo de Emma, le resultaba muy fácil el entender que la mujer no quería a nadie cerca de su hijo, aunque sus razones, por supuesto, le eran desconocidas, pero notando los ojos algo enrojecidos de Emma, dedujo que algo malo había ocurrido. Aun así, él no tenía ninguna intención de perturbar a la madre y a su hijo, así que, sonriendo, devolvía aquel balón en las manos del pequeño.—Aquí tienes pequeño, ten más cuidado con él, aquí hay mucha gente y puede que pierdas tu balón si lo arrojas demasiado lejos — dijo Daniel con una sonrisa que Dante le correspondió.—Gracias señor — respondió Dante.—Bueno Daniel, creo que es mejor que nos vayamos, fue un gust
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