Capítulo 51 Nunca me enseñaron a elegir. Me enseñaron a obedecer, a calcular, a sobrevivir. Me enseñaron que la sangre no se cuestiona y que el amor es una distracción que se paga caro. Desde niño supe que mi apellido no era un privilegio sino una sentencia: protegerlo a cualquier costo, incluso si el costo era yo mismo. Incluso si el costo era el alma. Y ahora, por primera vez, el precio tenía un nombre. Jezebel. Dormía a mi lado cuando me levanté antes del amanecer. La habitación estaba envuelta en esa quietud frágil que solo existe antes de que el mundo despierte, cuando todo parece posible y nada ha sido aún destruido. La observé sin tocarla, como si mis manos fueran capaces de arruinarla. Tenía el ceño ligeramente fruncido, como si incluso en sueños estuviera lucha
Leer más