ClaraLa vergüenza me envolvió como una túnica. No se me ocurría qué decir. Me quedé quieta en la cama a propósito, fingiendo que seguía dormida, solo porque aún no tenía el coraje de enfrentarme a Calvin. Ayer fue un desastre; prácticamente humillé a quien tanto me quiere y que haría mil por verme sonreír. Quizás si me hubiera dicho lo que planeaba, no habría actuado tan histéricamente.Me incorporé con un profundo suspiro, preguntándome cuándo entendería que no todos me persiguen, sobre todo alguien como Calvin, que arriesgó su vida para salvarme. Debería haberlo pensado mucho, pensando que no habría venido a salvarme si el plan era devolverme a los enemigos. Intenté pensar en qué hacer para apaciguarlo, pero no se me ocurrió nada. Nunca he tenido una relación romántica como para saber qué hacer en casos como este.Inhalando profundamente, tomé mi teléfono y llamé a quienes sabía que podían ayudarme. Opté por una conferencia telefónica, y ambos parecían entusiasmados por hablar conm
Leer más