Iba caminando al terminar mi turno cuando me alcanzó en la camioneta -Sube…- se detuvo a mi lado, lo miré dudando, me abrió la puerta, tenía una expresión en el rostro que no pude descifrar y me puse nerviosa, subí y arrancó, se mantuvo en silencio el resto del camino - ¿A dónde vamos? – le pregunté -A un lugar tranquilo, dónde podamos hablar…- me respondió serio, mi estómago se hizo nudo, se detuvo cerca del parque y bajo a abrirme la puerta, caminamos en silencio, no se molestó en tomarme de la mano, pintaba mal, me invitó a sentarme en la hierba y lo hice, continuó callado por un momento -Beca, esto no está funcionando…- comenzó a hablar, después de escucharlo decidí que prefería el silencio -Tanto estira y afloja; ir y venir, me tiene mareado y un poco perdido… Pensé que estábamos avanzando en eso de la confianza y escucharte hoy, saber que no es así, que no confías en mí, me dolió mucho- continuó, el nudo que se formó en mi garganta no me permitía responderle -Recién me di cuenta
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