223. Epílogo II
Algún tiempo después, por fin nos reunimos todos alrededor de la mesa. La casa está llena, las voces se entremezclan, las risas de los niños flotan en el aire… La escena me calienta el corazón. La mesa para doce personas luce impecable, a pesar de que Amber ya ha derramado su vaso de jugo una vez. Maya, en su sillita alta, juega con el puré de papas, mientras Elliot intenta convencer a Ethan de que ya ha comido suficientes verduras. —Todo está delicioso, querida —comenta Catherine con una sonrisa. —Totalmente de acuerdo —añade mi padre, sirviéndose más pavo—. Mia siempre ha tenido talento para la cocina. Lo heredó de su madre. Mencionar a mi madre trae un breve silencio respetuoso a la mesa. Aunque él nunca la conoció, Abraham levanta discretamente su copa en un brindis silencioso que no pasa desapercibido. Entre conversaciones sobre el trabajo, anécdotas de los niños y planes para Navidad, la noche transcurre con un ritmo ligero y agradable. Cuando se produce un momento de sile
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