El aire frente a las puertas del Hotel Grand Meridian estaba cargado de opulencia y una tensión invisible que solo ellos dos podían percibir. El despliegue de luces, alfombras rojas y fotógrafos creaba una distracción perfecta. Para el mundo, era la gala del año; para Blair y Cyrus, era una incursión en territorio enemigo.La puerta del coche se abrió. Cyrus salió primero, ajustándose el botón de su esmoquin hecho a medida. Deslizó la mirada por los alrededores estudiando el área.Luego se giró y extendió la mano hacia el interior del vehículo. Cuando Blair emergió, el murmullo de la prensa flaqueó por un segundo. Llevaba un vestido de seda color medianoche, con una caída tan fluida que parecía agua moviéndose sobre su piel. No quedaba rastro de la mujer insecura de la noche anterior. Su cabello estaba recogido en un moño bajo y severo, y sus ojos, aunque rodeados por un maquillaje ahumado impecable, conservaban la frialdad del acero.—Recuerda —susurró Cyrus mientras ella entrelazaba
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