Regina asintió: —Por supuesto, directora, no hay problema.Luego, se dirigió a Olivia: —Entonces, vamos, Señora Castro.De camino al edificio del comedor.La mirada de Olivia recorría el entorno, observando cada detalle.Este lugar realmente parecía una prisión.Las paredes del hospital estaban cubiertas de mallas electrificadas, imposibles de escalar.Incluso sin ellas, los muros eran demasiado altos; después de décadas de vida cómoda, ¿cómo podría trepar?El ceño de Olivia se frunció aún más.En ese momento, el teléfono de Regina vibró.Con calma, lo tomó y atendió la llamada de su hermano: —Sí, estoy bien. No te preocupes, cuando me aburra, iré a verte. Ocúpate de tus asuntos.—Sí, claro. Sabré cuidarme.La mirada de Olivia se clavó en el teléfono.¿Realmente tenía un teléfono?¿Por qué ella sí podía tenerlo?Al colgar, Regina notó su mirada y sonrió: —Aquí todos los pacientes tienen teléfono.Un dolor punzante atravesó el pecho de Olivia: —¿Entonces por qué la directora no me
Leer más