Antes de abrir la puerta, se asegura que nadie lo vea. Actúa por instinto, porque la razón, la cordura, la sensatez, y cualquier cosa parecida, se han quedado atadas a la máquina caminadora. Mira a su alrededor y se cerciora de que no haya nadie más, además de su tierna víctima. Tranca la puerta con seguro, una vez asegurado el perímetro. Escucha el agua de la ducha correr. Una sonrisita maquiavélica se asoma en sus labios.—¿Avril? —La voz de Emily resuena en el lugar—. ¿Podrías, por favor, pasarme el jabón? Lo deje sobre la banca, a un lado del bolso.Un suave clic le indica que la puerta de plástico está libre de candado. Él se frota las manos con malicia y saborea el momento.Antoine es un descarado de primera, carente de pudor, así que no se corta ni un pelo a la hora de quitarse la ropa. Está acostumbrado a hacerlo. Escenas de sexo en duchas es un cliché en el cine para adultos. Sin embargo, con Emily es un riesgo, pues no tiene ni idea de cómo puede reaccionar ella ante su atrev
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