JACKING: Todo había terminado, lo habíamos logrado. Miré alrededor, observando las caras felices de todos los miembros de mi manada. Parecían respirar una alegría que otorgaba calidez a la vida restaurada. Los bosques se llenaban de un susurro sutil. La manada La Maat Ra se alzaba de nuevo radiante en medio de nuestro territorio. Sin embargo, yo, su Alfa Supremo, permanecía anclado en el mismo punto donde había logrado lo imposible. Mi figura, majestuosa e imponente como siempre, lucía ahora más pesada. El bastón celestial que había absorbido los poderes de los dioses aún brillaba tenuemente en mi mano derecha, pero para mí ya no era más que un recordatorio constante de lo que había perdido. Mis ojos recorrían el horizonte, pero lo que buscaba no estaba a la vista. La luz y el calor del sol no llegaban a tocar mi alma herida. Aunque la
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