—¿Por qué lloras? El regalo está en tus manos, así que tienes la responsabilidad de cuidarlo. ¡Si se rompe, es porque tú lo perdiste! ¿Fue tu culpa, lo sabes? ¿Puedes dejar de cometer errores? Diego, siempre me decepcionas. ¿Por qué estás enfermo otra vez? ¿Por qué no aprendes a cuidarte? ¿Tu papá te golpeó otra vez? Entonces, ¿por qué provocaste a Alejandro? Hiciste que tu abuelo y tu papá te detestaran. Tienes que lograr que les agrades, no que prefieran a Alejandro. ¿Por qué eres tan tonto? Quédate acostado y piensa.Esperanza cerró la puerta de la habitación del hospital de un manotazo, pero el Diego de cinco o seis años, en la cama, ya no se sentía triste. Miraba fijo al techo, cansado de sí mismo. Él había colgado a Alejandro de un árbol y, cuando lo descubrieron, su padre lo golpeó casi hasta la muerte. Terminó en el hospital con fiebre alta y su madre, cuando lo vio, solo le gritó.Diego, en ese entonces, solo pensaba que no había hecho lo suficiente; odiaba que Alejandro no hu
Leer más