Ambos estaban ocupados, pero cuando Rubí miró el reloj y notó que había pasado casi una hora, frunció el ceño. Marcus seguía absorto en sus asuntos, el ceño más fruncido que antes.Rubí suspiró, recogió su bolígrafo y el libro. Si no comían pronto, sería demasiado tarde...Y, a juzgar por la expresión de Marcus, aún quedaba algo de tiempo.Después de pensarlo un momento, Rubí fingió haber terminado su tarea. Se levantó, bebió un vaso de agua y luego, lentamente, se inclinó mientras se frotaba el estómago con una expresión de malestar.—¿Qué ocurre? —preguntó Marcus, deteniendo al fin su trabajo y poniéndose de pie al notar que algo no estaba bien.—Esposo... tengo hambre, y me duele un poco el estómago. ¿Cuándo vas a terminar? —Rubí lo miró con ojos suplicantes.Marcus la observó con cierta sospecha, pero enseguida pareció recordar algo y comentó:—Estás actuando con tanto esmero... está bien, comeré contigo ahora, ¿de acuerdo?Rubí soltó una risa al ser descubierta y, lejos de avergo
Leer más