Capítulo Extra: El Jardín de la Séptima Luna.Veinte años despuésEl amanecer no irrumpió sobre el Castillo de las Tres Coronas; se deslizó como un susurro de seda entre las cortinas de gasa blanca que Vanessa había insistido en mantener, a pesar de que los sirvientes murmuraban sobre la "impracticidad" de tanta ligereza en una fortaleza de piedra volcánica. Pero aquella habitación —sus aposentos privados, en el ala más alta de la torre este— ya no era una fortaleza. Era un hogar.La luz dorada tocó primero el rostro de Vanessa, y ella suspiró en sueños, extendiendo una mano hacia el lado vacío de la cama. Sus dedos encontraron tela fría, pero el aroma —ese perfume inconfundible de fuego controlado, canela y pino— aún permanecía en las almohadas. Erick se había levantado temprano, como era su costumbre en los últimos meses, no por deberes de reino —ya no había guerras que atender, ni conspiraciones que desenmascarar— sino por algo mucho más antiguo y urgente: la necesidad de preparar
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